jueves, 20 de agosto de 2015


Ya pasó mi viaje de egresados y me hizo pensar en tantas cosas. Una de las miles de veces que te escribo porque el vacío que me dejaste no se va a llenar nunca. Cuantas veces habremos hablado, pensado e imaginado sobre este viaje, juntas como siempre. Cuando entramos a primer año de secundaria y veíamos a los de sexto y parecían tan lejanos, tan grandes, y queríamos ser como ellos, y después te das cuenta como vuela el tiempo. Se fueron los mejores seis años de secundaria en un abrir y cerrar de ojos; y en el medio de ellos, nunca amistad se estancó, quedó en un recuerdo, en una pelea llena de rencor, sin recordar todo los que vivimos juntas desde los tres años. Y no verte nunca más, no cruzarte en la calle, no respirar tu aire y no tener tu mirada junto a la mia, me mata cada día un poco más. Escribo porque lo necesito, porque quiero descargarme, desahogarme, sin sentir culpa de extrañarte. Todos pretenden que te olvide, que deje de quererte y que me saque de encima la melancolía. ¿De qué puede hablar la persona que no vivió esto? Me gusta y a la vez me da envidia sana que algunas amistades sigan tan juntas, hace años, como lo éramos nosotras porque en ellas se refleja lo que nos queríamos, y como nos cuidábamos, y después no existía nada más. Éramos vos y yo. No hay día que no te cruces en mi mente, quisiera poder tenerte para siempre.

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