Esquivas a tu corazón y destrozas tu
cabeza.
Querido trabajo duro…que nadie sabe lo
que significa dejar todo, que nadie sabe de los garrones y retos de un
entrenador exigente, de la felicidad de un entrenamiento y partido bien jugados
y la pesadilla que retumba por en otras prácticas fallar en todo. Que nadie
sabe lo que cuesta, lo alto que es la montaña, lo difícil de escalarla y seguir
adelante haciendo las cosas bien y mal, dejándote llevar por la pelota, y por
las indicaciones del entrenador. Que nadie sabe de la adrenalina que se siente
un partido bien jugado en el que llegas a creer que ya estás en la cima, y no,
el recorrido nunca se acaba. Nadie sabe de la alegría de un punto tuyo, un
tanto TUYO, gracias a VOS y las felicitaciones de tus amigas. Nadie sabe del “que bien que estás jugando” o
“como progresaste” de tu equipo, de tus amigas. Nadie sabe lo que es pasarse un
partido entero, ambos sets con la ilusión de entrar en una mínima jugada, y pasártela
en el banco. ¿Quién sabe de cuán lejos se quiere llegar por “solo una pelota”?
¿Quién puede imaginarse que se siente SIEMPRE querer lograr más, SIEMPRE
progresar un poco más, y conseguir lo que tanto queres? Nadie nunca va a saber
de las veces de aprendizaje de técnica para solamente hacer el pase de manejo,
o el pase de abajo. Nadie va a saber lo que es recibir una pelota que viene con
una velocidad imprescindible, porque ese es el momento en que más rápido va a latirte
el corazón, el pulso acelerado; y si lo haces bien, el orgullo dentro tuyo va a
borrar todo lo que exista a tu alrededor. Nadie puede saber nada de lo que
significa que la pelota no toque el piso, de hacer un punto y sentirte más que
orgullosa, si para ellos es “solo una pelota” o “solo un deporte…solo vóley” .
Solo alguien que haya probado hacer volar la pelota sabrá lo que se siente, en
todo sentido.
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